GOETHE Y MONTSERRAT

goethe y montserratGOETHE Y MONTSERRAT, publicado en el año 2001

Autor: Octavi Piulats Riu

Editorial: L’Arc de Bera SA, Colección Editorial SC

INTRODUCCIÓN

Aparentemente, podemos decir ante todo que Montserrat constituye un destino turístico, un lugar donde cientos de autocares descargan inmisericordes mareas y aludes de turistas sobre el Monasterio; la montaña se ha convertido desde hace muchos años en una excursión contratada a la que los turistas se dirigen a menudo a ciegas, igual que el turista contrata una tarde en los Toros o un paseo en barco por la Costa Brava.

Por otro lado no toda la ironía ha de adjudicarse a los turistas orientales que con sus cámaras persiguen las mejores tomas de la montaña, la tradición patria, en especial la catalana, también ha convertido Montserrat en un emblema de la tradición nupcial,  y social; las plazas de Montserrat están llenas de novias histéricas que sueñan casarse ante la Virgen y que esperan adquirir una casa adosada en algún lugar del país.

Pero sobre la tradición turística y nupcial de la montaña, quizás la máxima ironía se centra en la tradición excursionista de la misma. Es cierto que constituye una excelente forma de entrar en contacto con el paraje , pero al igual que las dos anteriores se halla marcada por la ausencia de sentimientos reales respecto a Montserrat; tanto el excursionista en grupo como el escalador , parecen enzarzados en una lucha personal contra agujas y monolitos, transitan por el macizo como una exhalación y entran y salen de la montaña asustando a pájaros y conejos sin por asomo poder conectar con ella.

Si dejamos ahora las visiones irónicas y pasamos a las profundas constataremos que Montserrat en Cataluña constituye un SENTIMIENTO. Montserrat despierta en los visitantes sentimientos de diversos tipos, los más conocidos son el sentimiento nacionalista, el sentimiento religioso, el sentimiento estético y un cuarto sentimiento que podríamos definir provisionalmente como naturalista-espiritual.

En el marco de la cultura catalana actual Montserrat constituye un lugar emblemático y tradicional ligado a un país en busca de su identidad, un lugar de reafirmación y encuentro histórico del catalanismo y/o del nacionalismo catalán. Escuchando las estrofas del Virolai, el catalán que ha acudido a la montaña y a la basílica siente que por algunos instantes sus emociones son más fuertes que la razón y el pragmatismo (el conocido seny) que aplica cada día, y suele sentirse perteneciente a una colectividad cultural diferenciada y ubicada en un fundamento territorial. En este lugar el catalán advierte que su identidad individual sólo es completa cuando se relaciona con la identidad de la colectividad en donde vive, habla y piensa con un lenguaje determinado y con una cosmovisión específica como pueblo, tan singular y diferente del resto como lo son las extrañas formas de Montserrat con respecto al resto de las montañas.

Desde una óptica filosófica, lo nacional se vertebra sobre una superación de las contradicciones sociales entre el Yo y el Nosotros, en la proyección de la Idea del Pueblo que como entidad es algo más que la mera suma de sus componentes. Se trata pues de un sentimiento espiritual, ya que el Yo sólo es idéntico a si mismo , si niega sus deseos individuales y se define como parte alicuota de la colectividad (1).

El sentimiento religioso edificado alrededor de la Virgen “Moreneta” constituye el centro espiritual de Montserrat debido a una larga tradición que se remonta posiblemente a épocas megalíticas. A pesar

de Voltaire y la Ilustración la montaña continua siendo un centro de atracción religiosa. En su versión hoy cristiana-católica, miles de hombres y mujeres vibran espiritualmente en la basílica con la imagen de la Virgen “Moreneta”, y visualmente utilizan esta imagen como símbolo intermediario, para pedir ayuda a su finitud y debilidad, y a sus destinos aciagos o problemáticos. El creyente que asciende al “cambril” de la Virgen y atraviesa los altares, se impregna de la energía montserratina, como en todos los lugares “sagrados” recibe dos clases de energías: una telúrica procedente de las mismas rocas, y otra “espiritual”, procedente de la energía colectiva consciente e inconsciente del imaginario cristiano, normalmente irradiado desde la estatua de la Virgen. Esta carga energética bio-psiquica en general actuará sobre su biografía.

Filosóficamente lo religioso en sentido moderno, constituye la superación de todas las contradicciones que provienen de la polaridad que reside en el Yo mismo, y en las oposiciones con otros así como con la totalidad del Mundo. Esta superación o síntesis de las contradiciones sólo es posible cuando es proyectada a una existencia trascendente separada de la naturaleza, y garantizada por la Idea de un Dios infinito y perfecto. Este sentimiento religioso monoteísta, es por supuesto espiritual, dado que domina y sojuzga a los deseos y lo corpóreo en esta vida, en función de una ética del amor al projimo anclada en la trascendencia (2).

Diremos también que el catalán tiene la posibilidad de enlazar en Montserrat el sentimiento nacional con el sentimiento religioso. El entusiasmo sentimental del Virolai, conlleva la imbricación de la propia identidad colectiva en un territorio con la conexión de la fe hacia la Virgen como garante de esta identificación. El nativo que enlaza ambos

sentimientos, se asemeja al ateniense cuando su piedad religiosa y política sólo era posible cuando oraba a la Diosa de al Polis, a su Atenea Partenon. He aquí una de las paradojas de Montserrat, aquí el cristianismo alcanza una de sus máximas cotas sentimentales, en el instante en que el creyente accede a la eticidad helena, al sentimiento de pertenecer a una comunidad nacional culminada por una diosa fundacional , en el instante en que deviene sentimiento pagano. La Virgen Moreneta es pues el único arcano catalán que supera la religión de la privacidad de raigambre cristiano, para desembocar en la religión de la eticidad nacional de herencia greco-romana , en la Atenea negra.

Sobre el sentimiento religioso y nacional, el viajero de la montaña también advierte un sentimiento estético. El encuentro con la montaña sus formas y su entorno eremítico produce un gran impacto en la sensibilidad artística. El sentimiento artístico expresa la fascinación por la belleza del lugar, y lo bello siempre congenia lo natural y lo espiritual al mismo tiempo en una síntesis que enlaza razón y sentimientos. En Montserrat el artista puede conectar con el arte de la propia naturaleza de una forma mucho más profunda que en otras montañas, la razón de este fenómeno quizás pueda de encontrarse en el hecho que la montaña geológicamente (el cárstico montserratino) tuvo una génesis diferente. No apareció directamente ni por vulcanismo ni por plegamientos, sino que básicamente fue generada por los materiales de arrastre de los ríos en los sedimentos de la antigua cuenca mediterránea que luego a su vez emergieron de la depresión marina; es decir Montserrat constituye simbólicamente una OBRA o re-creación de la propia naturaleza sobre si misma, como si la naturaleza hubiera utilizado un torno de alfarero a través de una sinfonía fantasiosa de los cuatro

elementos: aire, tierra, agua y fuego, utilizando los materiales de arrastre de las montañas pirenaicas.

No obstante el artista capta que es el agua el elemento clave de la montaña para su estética, siente que Montserrat se esmeriló en las fosas abisales, con el contacto con las corrientes marinas. Cuando el viajero se adentra entre sus cumbres percibe la sensación de un viaje en bastiscafo, un descenso hacia las formas abisales marinas que sorprendentemente se hallan en tierra firme.

Un artista fascinado por la belleza de la montaña fue Antonio Gaudí quien en su amplia y abigarrada obra arquitectónica siempre mantuvo el recuerdo del cárstico curvo montserratino. La Sagrada Familia, una de sus obras cumbres , la última catedral universal del cristianismo todavía hoy inacabada, reproduce sin lugar a dudas los monolitos y las agujas de la montaña.

A nivel filosófico, el sentimiento estético es el único que combina lo racional y lo sentimental , así como los deseos y el intelecto en una síntesis de superación de las contradicciones internas del Yo consigo mismo, esto se consigue con la intuición de la Idea de la Belleza (en conexión con la Idea del Bien) cuyo carácter final nos es desconocido pero que parece relacionar lo terrestre con lo trascendente. Se trata de un sentimiento espiritual, pero es espiritual sin necesidad de dominar o sojuzgar lo sentimientos sensible o deseos, ya que en él lo intelectual y los deseos se hallan en armonía de forma sincrética (3).

Pero más allá de estos tres sentimientos: el nacional, el religioso, y el estético, Montserrat despierta otro sentimiento mucho menos conocido y experimentado pero a mi juicio decisivo. Frente a la montaña y sus formas, el viajero siente una atracción de carácter naturalista por el lugar, existe en Montserrat una energía que magnéticamente ( como el magnetismo mineral y animal de Mesmer) atrae a determinados hombres. Esta irradiación de la montaña impele al viajero a penetrar en sus senderos y cumbres y a hollar esa especie de Sinaí catalán contemplando cada una de sus extrañas formas en lugares inverosímiles. Pero ese sentimiento de hermandad con una naturaleza que por encima de sus diferencias se presenta aquí armónica y original para el hombre, pronto se revela en Montserrat también como un sentimiento hacia la interioridad, hacia el silencio, la paz, y el diálogo consigo mismo, lejos de las duras contradicciones mundanales.

Con seguridad esa extraña atracción magnética que ejerce la montaña sobre los humanos se halla en la raíz del fenómeno eremítico ,el ermitaño ama y se funde con la naturaleza, encuentra el mundo natural como Rousseau, más libre y más feliz que el mundo de los hombres, y en esa Arcadia personal puede conocerse a si mismo y dedicarse a lo divino. En Montserrat el fenómeno de los anacoretas es ancestral, anterior incluso a la aparición de la orden benedictina y quizás incluso anterior al mismo cristianismo.

El nuevo sentimiento que hemos denominado naturalista-espiritual , filosóficamente ha de entenderse también como una superación de oposiciones o contradicciones personales e individuales entre el Yo y el Mundo, pero esta vez la cancelación de las oposiciones no tiene lugar ni en la Idea de un Pueblo colectivo, ni de un Dios trascendente, ni en la Idea de la Belleza, sino que siendo un sentimiento de hermandad con todas las criaturas de la naturaleza el escenario de la proyección es el escenario de la propia naturaleza en su carácter armónico. Se trata de un sentimiento espiritual pero como en el caso del arte que combina razón y deseos y lo intelectual con lo corpóreo; que integra además lo

individual con lo colectivo sin que lo individual se halle absorbido por lo comunitario, y que no limita lo colectivo a un país y ni siquiera a la raza humana sino que hermana toda criatura viviente. Esto último lo acerca al sentimiento religioso del mundo antiguo y lo aleja del teísmo de las grandes religiones actuales. Ciertamente que este sentimiento en la Modernidad podría denominarse “ecosófico” (4).

El objetivo de este ensayo consiste por tanto en profundizar en este sentimiento espiritual de hermandad con lo natural que se produce cuando alguien con sensibilidad es atraído por la montaña de Montserrat. Como hemos visto se trata de un sentimiento cercano y que comporta rasgos con el sentimiento religioso y sobre todo con el estético, pero que se diferencia claramente de éstos.

Para ello he elegido una serie de momentos históricos que abarcan desde el Renacimiento a los años sesenta del siglo XX, pero dedicando la máxima atención al descubrimiento de este sentimiento por los poetas y escritores románticos que se ocuparon de Montserrat y su simbología. En ensayo se iniciará pues con la experiencia mística de Ignacio de Loyola frente a la montaña, que aunque evidentemente fue vivenciada desde la vertebración cristiana, muestra perfectamente algunas de las claves espirituales y naturalistas que luego se revelarán como constantes en el encuentro de los hombres con la montaña; sobre todo la experiencia de Ignacio va desencadenar la vivencia del artista alemán Beuys ya en pleno siglo XX, un acontecimiento escasamente conocido tanto para la cultura alemana como la hispana..

El centro de nuestra exposición y argumentación será sin lugar a dudas el Romanticismo alemán y en especial el Clasicismo de Weimar;

reconstruiremos algo apenas conocido ni mucho menos llevado a término – que yo sepa- por la tradición cultural catalano-hispana y/o alemana. Se trata de llevar a cabo la interpretación del ensayo de Guillermo de Humboldt en 1800 sobre su viaje a España y a Montserrat y sobre todo su impacto en el círculo de pensadores de Weimar con JW. Goethe y F. Schiller a la cabeza debido a la semejanza de Montserrat con la temática del poema de JW. Goethe “Los Misterios” escrito sin conexión aparente con la montaña catalana años antes del viaje Humboldt a España. Gracias a este ensayo, Montserrat se convirtió en un símbolo del Romanticismo europeo y ese “sentimiento” espiritual no desvinculado del naturalismo se vertió en diversos pensadores de la tradición germana llegando hasta el mismo Wagner. Abordaremos también aquí un tema intuido por algunos pensadores pero nunca clarificado: la relevancia del escenario de Montserrat para el último capítulo de la obra magna de JW. Goethe: el Fausto.

Finalmente nos ocuparemos de cómo este sentimiento romántico sobre la montaña volvió a Cataluña. Aquí tenemos una cita ineludible con uno de los poetas claves del Romanticismo catalán, Mossén Cinto Verdaguer, con el que sucede algo parecido a Ignacio de Loyola, que su misticismo a pesar de ser cristiano, conlleva subyacentemente la mayoría de las interpretaciones del romanticismo alemán de la montaña. Nuestra última reconstrucción irá dedicada a Joan Maragalll, posiblemente uno de los poetas catalanes de mayor conocimiento del romanticismo alemán y en especial de Goethe y que fue capaz de definir la estructura estética y filosófica de Montserrat de forma profunda y sorprendente.

NOTAS (1)Pero también desde la misma perspectiva podemos ejercer la crítica. La razón objeta a este sentimiento que olvida el elemento racional, debido a esto el sentimiento nacional no tiene en cuenta que el individuo en este sentimiento es absorbido totalmente por lo colectivo, y que además, lo colectivo no es universal sino meramente grupal. De esta forma indica la razón, la Idea de Pueblo es una mera hipóstasis vacía de contenido. 2)La razón objeta a lo religioso para empezar que lo racional se halla excluido de ese sentimiento, que así la cancelación de las contradicciones más allá de este mundo tiene un carácter ilusorio y vacío, y que además, despotencia al hombre para que trate de superarlas en ESTE mundo. Añade a su crítica la razón que la misma Idea de un Theos (Dios) infinito y bueno es antropomórfica y carente de objeto y contenido perceptivo. 3) La razón sólo puede objetar aquí, que este sentimiento de lo Bello es algo meramente subjetivo, personal pero que no tiene validez universal. 4) A la razón sólo le resta objetar a ese sentimiento que la superación de las contradicciones en la Idea de una Naturaleza armónica es ilusoria y no responde a la esencia dura y hostil de la misma naturaleza, sea esta visible o invisible.

Dr. phil. OCTAVI PIULATS RIU

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