LA MONTAÑA SAGRADA DE CATALUNYA

Artículo publicado en la revista Athanor

MONTSERRAT

LA MONTAÑA SAGRADA DE CATALUÑA

por Octavi Piulats

En este artículo no vamos a centrar en describir Montserrat desde la óptica geológica, ni paranormal, ni desde el punto de vista religioso convencional o desde la perspectiva social o excursionista, sino que nos vamos a adentrar en su historia espiritual mistérica. Intentaremos explicar como a través de los siglos hasta nuestros días Montserrat ha marcado, y no solo para Cataluña y España, un ritmo espiritual de primer orden.

Algunas culturas y religiones poseen su montaña sagrada. El judaísmo en el Sinaí, el hinduismo en el Arunachala, la religión animista inca en el Machu Pichu, lo religioso de la cultura aborigen en Australia en el Ayers Rock, el budismo tibetano en el Kailas, la antigua religión olímpica griega en el monte Olimpo, y así sucesivamente. No debemos confundir lugares magnéticos y sagrados con montes o cordilleras sagradas: en España existen muchos lugares sagrados y místicos, e incluso cimas de montes donde según la tradición habitan dioses o hadas, pero montañas sagradas donde además de apariciones divinas exista una tradición milenaria de anacoretas y ermitaños y las formas de la montaña acaben induciendo a la visión mística y paranormal solo conocemos una: el macizo de Montserrat, que se yergue con inusitadas formas en la provincia de Barcelona. Por esta razón podemos considerar que la cultura catalana tiene el privilegio de tener algo que solo algunas culturas poseen: una montaña sagrada.

¿Qué es un misterio, entendido no como intriga sino en sentido religioso? Misterio, según la antigua tradición, es algo que no podemos aprehender ni entender solo con los sentidos y la razón; es algo que trasciende al pensamiento moderno. Para entenderlo sólo existe una vía: la iniciación a ese misterio. Iniciarse según las antiguas tradiciones consiste en aproximarnos a un enigma desconocido de nuestra vida no mentalmente, sino a través de una vivencia plena y absoluta; significa vivir la estructura de lo oculto con todas las capacidades integrales de nuestra conciencia, normalmente no utilizadas, incluidas las emociones y las intuiciones.

WOLFRANG VON ESCHENBACH Y LA LEYENDA DEL GRIAL

Si planteamos una historia de la espiritualidad de esta montaña, del monte aserrado (pues eso es lo que semánticamente quiere decir Montserrat), debemos retrotraernos a la baja edad media, a la época de los libros de caballerías y las leyendas artúricas coronadas por la búsqueda del Santo Grial. Es cierto que mucho antes, en la época megalítica, en torno a 3.000 a. C., la montaña y sus cuevas ya constituían un lugar de culto para la religión de la gran diosa, y en la época grecorromana existía en sus faldas el famoso templo a Venus – Afrodita (donde hoy se encuentra la ermita de San Miguel) y que el misterioso monumento funerario romano ‘la torre del Breny’ (luego utilizado por las brujas) también es exponente de esa espiritualidad. Pero la historia moderna de Montserrat empieza con el Perceval de Wolfrang von Eschenbach.

En esta primera novela medieval inspirada en la vida de caballeros templarios y cátaros se nos describe la trayectoria de un caballero de la tabla redonda artúrica llamado Perceval, quien después del amor cortés y los duelos con caballeros emprende la búsqueda de un objeto sagrado situado en un castillo que el trovador llamado Kyot (nombre que apunta a etimología catalana u occitana) sitúa no lejos de los Pirineos. Toda esa acción transcurre en unas tierras que geográficamente coinciden bastante con la antigua Cataluña – Occitania. Además del paisaje, otro dato que apunta a Cataluña es la aparición de ermitaños en la narración en las cercanías de la montaña; nos referimos a Trevericent, quien mostrará a Perceval cómo puede aproximarse correctamente al Grial. Según Emma Jung, esposa de Carl Gustav Jung, quien trabajó durante años en esa leyenda histórica y posiblemente viajó a la Cataluña francesa y española, lo fundamental de la narración lo constituye la experiencia simbólica de un viaje personal al encuentro de uno mismo y el destino asignado a cada persona, así como el descubrimiento de la dimensión espiritual divina de nuestra biografía.

Históricamente el Santo Grial, identificado como una copa donde José de Arimatea recogió parte de la sangre de Jesús, o como el cáliz de la última cena (existen dos versiones), tiene que ver en sus avatares históricos con Cataluña – Aragón. Sabemos que en los albores del cristianismo el Papa Sixtino II habría recibido ese cáliz de Cesárea. Sixtino II era amigo de Orígenes y se aproximaba a las versiones gnósticas del cristianismo. Al ser asesinado Sixtino II por el emperador Valeriano su diácono, el aragonés Lorenzo, se llevó dicho cáliz a su patria, a la provincia de Huesca, posiblemente al monasterio de San Juan de la Peña, para ocultarlo de los musulmanes, y más tarde se trasladó hacia el noroeste de los Pirineos, hacia Montsegur o/y Montserrat.

IGNACIO DE LOYOLA Y MONTSERRAT

Sorprendentemente la historia de los libros de caballerías relativas a Montserrat y el Grial empieza a hacerse realidad histórica en 1522. En este año, y camino a Jerusalén, pasa por Montserrat un caballero vasco llamado Iñigo, lleno de dudas respecto a su vida. El joven Iñigo es un Perceval renacentista que, al subir a la montaña y entrar en la abadía, tiene una experiencia mística frente a la imagen de la Virgen negra, la Moreneta. Con seguridad subió a la ermita de Sant Dimas (una de las más montaraces) para confesarse, y es en esos días de estancia en Montserrat donde su vida adquiere un giro inesperado: va a rechazar la vida de caballero mundano, dedicado a la guerra y al amor galante, para convertirse en caballero de Dios. Entregará su espada a la Virgen y dará sus ropas a los mendigos. Vale la pena mencionar que la ermita de Sant Dimas había sido habitada por el famoso padre Boil, el monje que acompañó a Colón en sus viajes al Nuevo Mundo. A través de Boil el nombre de Montserrat se difundió por toda América latina.

El joven Iñigo decide vivir algunos meses como ermitaño no lejos de la montaña, en unas cuevas del río Cardener en Manresa que se hallan frente a Montserrat. Y es allí donde escribe las primeras ideas de los conocidos Ejercicios Espirituales, que fueron inspirados por la atmósfera de esa montaña. Muchos años después, cuando Iñigo, ya convertido en Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, desde Roma recuerda cómo empezó todo, señala que fue en Montserrat – Manresa donde, a través de experiencias místicas, vivió una iluminación y un estado de gracia que le permitió extender esa energía montserratina por todo el mundo con las fundaciones de la Compañía.

MONTSERRAT Y EL CÍRCULO DE WEIMAR

En 1800, en los orígenes del Romanticismo, Montserrat volverá a mostrar su energía griálica. En ese año Guillermo de Humboldt viaja a España en un viaje crucial para la cultura europea. Guillermo forma parte del círculo alemán cultural de Weimar (el círculo del que saldrá el Romanticismo) y es amigo personal de Goethe y de Schiller. El impacto que las formas y las ermitas de la montaña tienen sobre Humboldt lo va a llevar, al final de la ascensión y llegada al monasterio, a una experiencia mística. Revive en su interior, sin proponérselo, la odisea del hermano Marcos, el personaje central de un poema religioso de J.W. Goethe denominado Los Misterios. Humbold está atónito, porque la mayoría de las formas y los acontecimientos que Goethe menciona en aquel poema se le ofrecen ante sus ojos, y sin embargo Goethe NUNCA ESTUVO EN MONTSERRAT. El entusiasmo de Humboldt sube al máximo cuando visita las doce ermitas y compara la vida de aquellos hombres con la de su amigo Rousseau; se admira Humboldt de la vida vegetariana y sencilla de aquellos anacoretas en lugares inverosímiles. Todavía hoy Montserrat nos presenta una naturaleza intocada, salvaje y original, a pesar de la embestida de la industrialización.

De aquella vivencia Humboldt redacta un ensayo hoy en día famoso, El Montserrat, que fue traducido al castellano por Unamuno. Ese ensayo será enviado a Goethe en Weimar. Cuando Goethe recibe el ensayo su contenido le produce una gran impresión, a tal extremo que invita a Schiller a su casa y le muestra el manuscrito. La espiritualidad de Montserrat ejercerá a través del ensayo de Humboldt su influencia sobre ambos personajes. Con respecto a Schiller, meses más tarde tratará por medio de una frase genial de explicar la atracción que ejerce la montaña. Según Schiller la montaña se encuentra por sus formas aislada de su entorno, y al hombre que se acerca a ella le sucede lo mismo, se siente aislado del exterior y ensimismado en su interioridad; va así al encuentro con lo espiritual interior, lo más elevado.

Impresionado por la tesis de Schiller, Goethe reflexionará durante años sobre Montserrat y su significación, y años más tarde, en una respuesta a un grupo de escolares para explicar el contenido de su poema, escribirá la frase clave: “el ser humano sólo puede encontrar paz y felicidad en su propio Montserrat”. Con esta frase Goethe coloca a Montserrat en el imaginario romántico europeo; la pone como símbolo de una evolución o crecimiento espiritual elevado en el ser humano. La felicidad del ser humano reside no en lo exterior sino en su interior, y sobre todo en su parte más elevada y divina, en la experiencia de su evolución hacia el descubrimiento de su destino, y eso queda idealizado por la metáfora de Montserrat. Las ideas de Goethe sobre Montserrat serán recogidas por autores románticos, y se pondrán en conexión con el Perceval de Wolfrang von Eschenbach. Eso dará pie a que Richard Wagner, cuando escriba el Parsifal en el siglo XIX, sitúe el castillo del Grial, Montsalvatge, en el escenario del Montserrat catalán.

EL ROMANTICISMO CATALÁN Y EL JOVEN GAUDÍ

El Romanticismo catalán redescubrió para Cataluña la significación espiritual de la montaña que Europa le había concedido. Entre los numerosos poetas que versificaron sobre la montaña destacaremos a dos: Jacint Verdaguer y Joan Maragall, y a un arquitecto genial: Antonio Gaudí.

Verdaguer es una de las figuras centrales de la conocida Renaixenca catalana y una figura central del romanticismo patrio. Aparte de crear en gran parte la misma lengua catalana y de explicarnos el simbolismo de Cataluña en su poema L’Atlàntida, Verdaguer se sintió ya desde muy joven fascinado por la montaña de Montserrat. Fue él quien se dio cuenta, en sus excusiones, de que en las ermitas troglodíticas estaba presente una energía de gran intensidad. También fue Verdaguer quien bautizó algunas formas de la montaña y nos señaló algunas rutas esotéricas prácticamente desconocidas en su época. Pero su culminación estuvo por supuesto en la inspiración que le llevó a poner letra en poesía mística al Virolai, el Himno de Montserrat y puede decirse de Cataluña (por cierto muy diferente de ese himno violento y oscuro que es Els Segadors) y también en la construcción de la leyenda de Fray Garí. En el Virolai Verdaguer sostiene la tesis de la intervención de entidades angélicas en la formación geológica de la montaña y su conexión astrológica. Es Verdaguer quien asegura que los espíritus post-mortem de los habitantes de Cataluña tienen en Montserrat su puerta de acceso a otra dimensión, y es plenamente consciente el poeta catalán de que Montserrat es el Sinaí catalán; constituye el monte sagrado de esta nación, porque la inspiración espiritual de sus habitantes desciende y asciende por las “puertas de la montaña”. Por otra parte con la Leyenda de Fray Garí señala, siguiendo a Ramon Llull, que la figura del ermitaño en Cataluña es clave para la evolución espiritual.

Escasos años después encontramos a Joan Maragall, otro poeta catalán, fascinado por la montaña. Maragall había traducido a Goethe y al filósofo Friedrich Schelling y por tanto conocía o barruntaba probablemente las tesis románticas europeas sobre Montserrat como montaña de iniciación al crecimiento personal. Maragall, en sus poemas sobre Montserrat, apunta y explora el carácter femenino de la montaña y es capaz de conectar con el arcano divino femenino, con la cultura de la Gran Diosa que una vez, en la época megalítica, fue adorada en esta montaña.

Pero quizás el catalán más universal fascinado por Montserrat sea el arquitecto Antonio Gaudí. El encuentro del joven Gaudí con Montserrat tuvo lugar a finales del siglo XIX. Por aquel entonces Gaudí era estudiante de arquitectura y viajó a Montserrat como ayudante de un arquitecto de gran prestigio, F.P. Villar Lozano, a quien el abad de Montserrat, el padre Muntadas, había encargado la construcción del camarín de la Virgen. El camarín de la Virgen y su capilla posterior, aprovechando el ábside de la abadía, constituye sin lugar a dudas el lugar más mágico de la Iglesia, y está realizado en el más puro estilo romántico, con gran policromía. Por anotaciones sabemos que el joven Gaudí tuvo un protagonismo importante en la colocación de frisos y estatuas, y es por tanto probable que la situación de los ocho gigantescos ángeles y sus extrañas posiciones múdricas de manos y brazos no fueran ajenas al joven estudiante de arquitectura. Pero más adelante, ya como arquitecto de prestigio, Gaudí continuaría realizando monumentos místicos en la montaña, como la Resurrección en los llamados ‘Misterios’. Pero lo fundamental es que las formas de Montserrat quedaron grabadas para siempre en la arquitectura tectónica y cavernaria de Gaudí, y todas sus construcciones llevan el sello de las curvas y las calizas montserratinas, así como la espiritualidad de la montaña impregna todas sus casas, a veces incluso con referencias directas a la Virgen Moreneta. Tampoco hay que olvidar que la Sagrada Familia está inspirada en unas formaciones estalagmíticas que se encuentran en las cuevas montserratinas del Salnitre en Collbató.

EL SIGLO XX: DE OTTO RAHN A BEUYS

Pero la cultura germana todavía no había dicho su última palabra sobre Montserrat. El primer pensador de la modernidad que sin haber estado nunca en Montserrat aludió a su extraña significación fue Rudolf Steiner, el creador de la Antroposofía. A principios de siglo, Steiner dictó una conferencia sobre la interpretación de los Misterios, es decir del poema de Goethe conectado con Montserrat. Steiner indicó correctamente que Goethe había escrito no solo un poema religioso y místico de estilo panteísta sino que además tenía una significación en clave de filosofía de los rosacruces. En este contexto y en posteriores conferencias Steiner aludía al carácter esotérico y simbólico del viaje de Humboldt a Montserrat y la extraña relación con el panteísmo de Goethe.

Algunas de esas ideas antroposóficas fueron asimiladas por un joven antropólogo alemán, me refiero a Otto Rahn, posiblemente el verdadero Indiana Jones del siglo XX. Rahn llevaba años trabajando en la veracidad histórica de la leyenda del Santo Grial, y en los años 30 inició una expedición al sur de Francia y a la Cataluña francesa para seguir la pista al Grial. Rahn postuló dos grandes tesis al respecto: a) que los guardianes del Grial habían sido los cátaros; b) que el Grial había estado no tanto en Montserrat como en Montsegur, y que tras su destrucción por los cruzados fue ocultado en las cuevas de Lombrives. Durante los años treinta, y para asegurarse de que el Grial no estaba en la Cataluña sur, Otto Rahn viajó a Montserrat. Y cuando más adelante, para continuar sus investigaciones, acabó formando parte de las SS alemanas bajo la dirección de Heinrich Himmler y formando parte de la Fundación para la Herencia de los Antepasados, se vio obligado a poner sus ideas al servicio del III Reich. De esa forma Himmler conoció todas las tesis sobre el Grial y, por extensión, sobre la peculiaridad de Montserrat. Tras la muerte de Otto Rahn (posiblemente asesinado por agentes nazis) Himmler viajó, ya durante la II Guerra Mundial, a Montserrat con la intención de asegurarse de que realmente Rahn tenía razón y de que el Grial no estaba allí. El viaje de Himmler fue infructuoso, ya que los monjes no colaboraron con él.

Pero en los años 60 Montserrat volvió a interesar a la cultura germana. Esta vez fue un artista, escultor y pintor, Joseph Beuys, quien viajó a Cataluña y se sintió fascinado por la energía de la montaña. Cuando descubrió la relación de Montserrat con San Ignacio de Loyola y con el Grial permaneció como antaño había permanecido Ignacio, semanas en aquellos alrededores, y cuando volvió a Alemania escribió la obra Manresa estación central, en la que el artista, partiendo de la antroposofía de R. Steiner, presenta su visión de la obra de Ignacio desde la perspectiva de la modernidad. La performance artística tuvo lugar tiempo después de la muerte de Beuys en la Santa Cueva de Manresa y Beuys, como testamento a los catalanes, dejó su ‘cruz antroposófica’ en el Cardener frente a Montserrat, con extraños anagramas que todavía hoy pueden verse e interpretarse.

Así pues personajes históricos con alta sensibilidad (aparte de los germanos tenemos al francés Alexandre de Laborde y al inglés William Thackeray, entre otros) han sido atraídos por la energía de la montaña. Esta atracción en la mayoría de los casos ha ido más allá del factor meramente estético o social, hacia la psicología profunda, el descubrimiento de la propia interioridad.

SENTIR MONTSERRAT

Parece como si en Montserrat fuese más fácil el contacto con lo invisible y lo divino; las energías de la montaña parecen ofrecer una vibración espiritual que favorece la elevación del espíritu a otras dimensiones. Poetas místicos cristianos no van tan desencaminados cuando afirman en canciones y poesías que fuerzas astrales personificadas por la mentalidad cristiana, como ángeles, están en juego en esta montaña. Esto no es nada más que la expresión de que Montserrat es un lugar sagrado, en el sentido de que es diferente del resto de la geografía, porque sus energías telúricas y astrales pueden conducir al misterio de lo invisible.

No debemos caer en el error de la mentalidad ilustrada y progresista clásica, que solo ve en Montserrat ‘monjes y misas’ de la cultureta catalana. La montaña nos abre la posibilidad de acceder a una espiritualidad más allá del monoteísmo, de encontrar lo divino oculto en la naturaleza y no contra esta. El ejemplo más palpable lo tenemos en las ermitas. Un paseo por las mismas nos convencerá de que son lugares de poder y espiritualidad ancestrales y que proyectan una geometría sagrada que converge hacia un punto central. La energía telúrica de las mismas nos abrirá perspectivas insospechadas para nuestra evolución espiritual. Por consiguiente, si realizamos la ruta de las ermitas, terminando en el camarín de la Virgen, y meditamos en determinados lugares energéticos de la montaña, reconstruiremos lo que los viajeros románticos y místicos antaño sintieron y pensaron, y sin lugar a dudas nos iniciaremos en los misterios de esa montaña, ya que viviremos sensaciones que la mera razón y la mera estética no pueden transmitirnos.

 

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